La extraña sensación

¡Señores! ¡Lo he conseguido!

¡El gurú de las búsquedas de empleo que no era capaz de encontrar un trabajo ni limpiando mesas ha alcanzado la gesta! ¡Por fin tengo trabajo!

Se trata de unas prácticas en una empresa de marketing digital bien remuneradas (dentro de lo que se le puede pedir a unas prácticas y superando el sueldo mínimo interprofesional… vamos, tal como están las cosas como para darse con un canto en los dientes), por lo que se han cumplido varios objetivos del parado:

-Obtener ingresos rentables: Al igual ahora me lío la manta a la cabeza y en vez de comer sucedáneo de espaguetis, puedo comprarme ya los de la marca Hacendado. Aunque uno acaba por acostumbrarse a echarle harina a todo para engordar las comidas…

-Planificar a medio plazo: Se acabaron por seis meses esas idílicas estampas de asomarse a la ventana con aire nostálgico mirando nubarrones mientras se piensa: ¿Tendré que hacer la maleta hoy? Al igual ya estoy preparado para adquirir ciertos compromisos como contratar un servicio de Movistar o comprarme un tamagotchi.

-Trabajar de lo mio: Hombre, cuando me hice periodistas pensaba en algo más idílico como  ir con la ropa de Superman bajo los pantalones y la camisa, pero oye, siempre puedo ir con la equipación de running debajo… ¿Que alguien necesita café? De un salto me subo al escritorio y grito… ¡No os preocupéis nenas! ¡Superbecario al auxilio! mientras dejo tuerto al de al lado de un botonazo.

-Sin tener que coger tropeshientos trenes: Cuando se ha mirado del orden de 15 portales de búsqueda de empleo al día uno aprecia cada detalle… ¡Qué mas da el sueldo si todos vamos camino de ser pobres! ¡A quince minutos de casa! ¡Eso si que importa y no días libres ni sueldos abultados!

En fin, está claro que tras una carrera, un máster y rondando peligrosamente la treintena (¡Atrás Satanas!) igual no es este trabajo para pensar en planificar mi boda en mi VPO pero oye… somos supervivientes y no está de más ser agradecidos con los que te permiten seguir adelante así que ¡Allá voy a dejarme los cuernos a ritmo de fotocopia! ¡Ahora a currárselo!

Pdt: El título del post viene de que hoy por primera vez en siete meses me he levantado tardecito (no a nivel resaca dominguera pero si al de no desayunes fuerte que dentro de un rato comes) y como ya no cabe seguir bicheando portales de empleo estoy que no me encuentro… Pues nada, a dejar de lado el papel de “jobseeker” y a enfundarse el de maruja… No sin antes perder 5 horas en feisbuk, buscar a alguien al que le apetezca una cervecita de media tarde, ver qué echan en el canal Fox… Por cierto, ¿A alguien le apetece una cervecita a media tarde?

La publicación rencorosilla (y cada día, la de más gente)

El jueves, a pesar de que juré y perjuré que no volvía a trabajar gratis, empecé en una empresa de posicionamiento web, pero no os encariñéis mucho con este argumento que mucho no va a durar la trama.

Tras una entrevista en la que “lo peté”, que solamente se vio truncada por un impertinente ¿Cuánto cobraría? (criaturita… pensando nada más que en el dinero…), accedí a regalar mi mano de obra cualificada (tengo dos cartulinas que algo dicen de que tengo estudios) a cambio de que me enseñaran técnicas de SEO y marketing online y con la promesa de que si cumplía con mis objetivos, me contrataran tras los tres meses de prácticas.

El trato consistía pues en que yo me tomaría las prácticas como para lo que, supuestamente, sirven: un sitio donde mediante el aprendizaje trabajar, pero con la tranquilidad y el respaldo de que alguien va a revisar tu trabajo al menos los primeros días. Y cómo una vez sabido que no había dinero de por medio, preferí llamar las cosas por su nombre, les aseguré que pese a haber realizado cursos de marketing online, en la práctica, donde realmente me sentía cómodo era con los trabajos de redacción, por lo que para las tareas de SEO, necesitaría a alguien constantemente explicándome el funcionamiento de los diversos programas:

(extracto del correo) “mi máximo interés en estas prácticas era como te comentaba, profundizar en las tareas de SEO, ya que los conocimientos que poseo de esta área son muy verdes,  por lo que me gustaría saber si realmente me va a ser útil en este aspecto”

Una vez creía haber dejado claro que mi relación con la informática se basaba en abrir cierto programilla llamado word y hacer dibujitos con las celdas del excel (ya superé la etapa de las presentaciones fotograferiles con Powerpoint), el primer día me dispuse a anotar cada nuevo programa que me enseñaban, cada consejo que me daban… como el que va a su primer día de clase pero sin quedarle bien las gorras de skaters.

Y es así como el jueves por la noche me llevé hasta las 3 de la mañana aprendiendo nociones de código HTML, bicheando programas como Hootsuite, programación web etc. ¿A cambio de un sueldo digno? No, a cambio de ser competitivo y no resultar una lacra para mis nuevos compañeros, rebosantes de juventud e ilusiones para seguir adelante como yo (así se vendían).

El viernes, tras las cinco horitas de rigor que todo experto en salud recomienda dormir, me levanto a las 9 para seguir bicheando en el fantástico mundo del SEO (imaginaros para alguien de letras convencido, lo que supone “a la vejez” reconvertirse a informático amateur loser) y plantándome puntual a las tres en la oficina para sacar adelante el trabajo que de antemano me habían encomendado.

Cual es mi sorpresa cuando, tras actualizar todas las redes sociales de las diversas empresas con las que trabajaban, realzar textos promocionales que no se tocaban desde que la vaporetta era la reina de la teletienda e ir corrigiendo los fallos de una “superiora” periodista que tuiteaba “haber de que nos habla hoy Oscar Montana” en silencio para no menospreciarla, el menosprecio lo recibí yo cuando la que me “contrató”, tras realizarse un programa de radio donde daban consejos motivacionales (ahora veréis lo irónico de ello), me llama para “hablar” y me dice que en dos días no he avanzado mucho y que no cree que deba continuar porque (agarraros que vienen curvas):

“Aquí se viene para quitar trabajo, y si tenemos que estar encima tuya todo el tiempo no nos compensa” (para que entendáis lo que se siente al escuchar eso recordad que estaba sin cobrar ni un duro, no habían pasado ni 48 horas y supuestamente mi puesto era “de prácticas”)

Y no contenta con criticar mi lenta adaptación (tardé más en aprenderme el nombre de mis compañeros de piso que a tener ciertas nociones de HTML) me dice que los posts que había escrito para las diferentes redes sociales eran demasiado informativos y poco “frescos”. Señora, (por no perder el respeto, que al fin y al cabo la chiquilla, aunque supeditada a una empresa hija de puta, era buena gente) no llevo ni dos días, ¿Qué quiere? ¿Que introduzca un “miarma”? Total, que me excusé diciéndole que aún no había tenido tiempo de adecuarme a la línea editorial de la empresa (que lo ya publicado en las redes sociales antes de mi furtiva llegada tampoco es que fueran una cosa que digas…. joder, qué genios del marketing, es más, como toda temática marketing eran coñazos, coñazos…), a lo que me responde que con lo suelto que estaba en la entrevista (normal, es lo que tiene haber hecho veinte mishones de ellas, que coges tablas), me había visto más reservado en el trabajo (yo y mis manías de no ir moviendo la colita por la oficina ni arrancarme por bulerías).

En fin, que ya no sólo vale con trabajar de gratis, ahora hay que trabajar gratis, ser megaeficiente, saber de todo desde el primerísimo primer día y crear ganancias al cabrón de turno cuyo máximo talento es saber recluir ganado barato.

… Y todo esto me pasa por querer trabajar, por haber sido educado para resultar útil a la gente…

Hoy me acostaré como un inepto, pero por mis santos padres que yo aprendo HTML. He dit!

Pdt: La empresa en cuestión es seocoaching.es, una empresa destinada a publicitar y aconsejar a páginas web para conseguir un buen posicionamiento web y una buena reputación y que, en cambio, poco se preocupa de la imagen que dan desde dentro.