¿Es lo que hay?

Una vez que conseguí trabajo, un poco dejó de tener sentido este blog… (eso y que mi horario no me permite ni respirar) pero tras un mes como flamante gestor de contenidos (cómo me costó saber cómo se llamaba lo que hacía… el nombre no está mal tras una carrera y un máster), me he dado cuenta que sigue el espíritu con el que nació, que no es otro que narrar las aventuras y desventuras de alguien entre la veintena y la treintena (bueno, más bien esta última…) que intenta sobrevivir en una España podridísima…

¿Qué tal el trabajo? Pues empezando porque tengo uno oye, ya hay motivos para media mueca de sonrisa, y  más después de haber tenido que hacer de todo para sacar de donde no hay… que no me dediqué al narcotráfico porque si soy 100% multable cuando apenas rozo la ilegalidad (todavía pesa esa inocente multa por saltarme un semáforo en bici… bueno dos) metiéndome de pleno en ella… 

Pero por el resto en fin… nuevamente sobreviviendo, que no es poco. Un sueldo “razonable” viendo como está el mercado (asquerosamente paupérrimo si no eres un sinvergüenza, es decir, si no manejas los hilos de este país) y cierta estabilidad a corto plazo (¿Quién piensa ya a largo plazo?). Pero tristemente esta crisis que se han inventado los peces gordos (que ahí revienten… en fin, voy a intentar guardar modos de periodista y no decir la burrada que se me viene a la cabeza) trae consigo prácticas cuanto menos cuestionables…

Esta misma semana he podido ver como dos compañeros por distintas razones dejan su puesto (y eso a sólo un mes de haber entrado), y por una razón o por otra con un mismo motivo de trasfondo… Un organigrama en el que se exige resultados inmediatos a cualquier precio, en el que la supervisión se basa en “lo quiero en esta fecha” o “ya”.

No es un problema de organización, es un problema de tendencias empresariales actuales. Tanta reforma laboral, abaratamiento del despido y nuevamente incido en que la incompetencia de nuestros políticos por ver la realidad de nuestra sociedad les ciega tras sobres y “donativos”… eso y el tener de mandamases a gente que no ha trabajado en su puñetera vida (o lo más divertido, una iluminada de la Virgen del Rocío como ministra de trabajo que en su vida ha movido un dedo y es la cabeza visible de la España de los seis millones de parados…)

En el momento en el que se permite que en una empresa rentable, un trabajo de alta responsabilidad lo desarrolle el becario, cargando sobre éste que el resultado sea bueno o malo y esto no se vea reflejado en ningún tipo de beneficio más que el de pertenecer a la afortunada masa trabajadora… es que algo va mal.

Yo me considero competente, trabajador como el que más y entusiasta. Pero al igual que a un cocinero que entra de pinche no se le puede poner a atender la recepción de un cóctel desde el minuto uno, a un becario no se le puede hacer compartir las presiones de los altos cargos. Repito, no es culpa de esta empresa, sino de la sociedad laboral del miedo y de la inestabilidad.

La culpa también es del hippismo de una generación que ha crecido pensando que se puede trabajar de lo que se quiere, disfrutar de lo que se hace. El American Way of Life pero a lo español… Yo que he crecido en una cultura del trabajo donde el compañerismo predomina a la cuenta de resultados, donde la parada para el café es sagrada y donde preguntar qué tal el día es un placer más que una obligación me he dado cuenta que no es así… y lo peor de todo, la culpa es mía.

Eso si, de lunes a viernes, de nueve a siete… soy de otro, pero fuera de ese horario nadie va a poder quitarme esa cervecita con aquellos a los que sí les importa cómo te va el día.

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Si querer es poder y yo quiero…

Después del bajón de la última entrada, me veo obligado/empujado/necesitado de hacer una más happy porque… qué leches, me amarga no encontrar trabajo, me amarga sentirme un invalidado para esta sociedad y me amarga tener que mendigar empleos ampliando los beneficios de cerdos aprovechados que se ven que no han tenido hijos para saber de qué va toda esta mierda (al igual sus padres fueron inteligentes y los caparon a tiempo).

Pero lo que más me amarga es que mis malos días los soporten otros, que cada vez que me llamen mis padres estemos a vueltas de lo mismo o que cada vez que me pregunten mis amigos que tal el día tenga que responder con un rancio psé…

No me gustan los discursos motivacionales porque pienso que cada uno tiene que soportar  lo suyo y cada cual a sus circunstancias… pero como tampoco me gustan las viejas amarrrrgás, hoy que le den a las noticias, a decisiones trascendentales, al ¿Qué hago?… ¡Hoy voy a ser un pony! 

Y qué leches, si, es verdad, no tengo trabajo, pero tengo estudios, tengo amigos, tengo familia y mejor no me lo puedo pasar con todo esto… Son las 12 y ya he echado suficientes currículums por hoy, me voy al solito, a la calle… ¡Me voy al Lidl!

Y para terminar… ¡I’m gonna win!

Pdt: Mañana veréis que bajón en cuanto se me pase el efecto de las drogas :p

Pdt: No se si soy más insoportable de motivado de la vida o de bajón, podéis votar sobre ello.

La entrevista engañifa

Otro indicativo de que te dejas los cuernos por intentar encontrar algún trabajo es el hacer al menos una vez al mes “la entrevista laboral sorpresa”. Esa empresa misteriosa que te llama para citarte para una entrevista de trabajo y cuya única pista que tienes de en qué consiste el trabajo es que se trata de una empresa de publicidad… pero igual tú tienes que encargarte de limpiar los baños.

Pese a que ya sabes cómo va a acabar la cosa, te levantas medianamente motivado y acudes a la cita autoconvenciéndote que esta vez no, esta vez el puesto no va a ser para comercial y no vas a depender de las comisiones de vender ese filtrador de agua a marujas puerta a puerta y que tanto está revolucionando el mercado a pesar de no venderse ni regalado junto al 20minutos.

De hecho esta vez crees que es diferente porque el anuncio es diferente… del especialista en marketing para cuyo puesto, es tan demandado que piden como 20 o 30 (su propio ejército de “especialistas en marketing”, que no comercial, esa palabra prohibida en los portales de empleo…, porque ellos te ofrecen un puesto digno, tan digno que ni se atreven a decirte en que consiste)  que no necesitas ni estudios ni nada de nada, sólo “vocación para trabajar” y ser sociable (así solicitan los puestos para cardiólogo… no hace falta estudios, con ser buena persona basta), al “administrativo” (porque vas a administrar la agenda de clientes a Gas Natural… tócate los mismísimos…).

Y ahí te presentas tú, con tu mejor camisa, esa que sólo te pones las noches en las que piensas (pobre de ti) que mojas si o si, esa que no lavas bastante a menudo por miedo a tener que usar la plancha con ella o que acabe descolorida por no haber leído la etiqueta, esa camisa en definitiva que te convierte de ser indigno a posible candidato a persona.

Camino a la empresa vas repasando tus aptitudes, tus puntos fuertes para referenciarlos en cuanto tengas la mínima ocasión, con la lista de reproducción musical happy y con el nerviosismo de tu primer día de instituto… y ¡Pam! La primera en la frente: la sede de la “prestigiosa” empresa a la que optas tiene pinta de consultorio de tarot, que piensas… me da a mí que no voy a trabajar para Microsoft, pero tú sigues pensando que Steve Jobs empezó desde el garaje de su casa y ahora… ahora está muerto pero tiene unos dispositivos muy cuquis que todo el mundo quiere.

Vale, Steve Jobs empezó en su garaje, pero no tenía como secretaria a una choni ni la Máxima FM a todo volumen en su despacho … definitivamente tampoco vas a trabajar para Deloitte. Y para cuando tus expectativas sobre el nuevo empleo rozan el nivel “igual estaría mejor vendiendo calcetines en el mercadillo”, ahí está tu posible jefe explicándote el trabajo como el que vende una batería de cocina LoMonaco… un trabajo que resulta que no es de comercial como insististe en dejar claro que no querías desde la llamada, sino que es de “enlace entre cliente y empresa”… porque un comercial no hace eso, un comercial es el que le escribe las letras a Sabina…

En fin, algo bueno tienen estas excursiones, y no es otra cosa que el conocer la fauna a la que te expones y saber para la próxima cómo esquivar a todos aquellos chupópteros que pretenden salir de sus crisis a partir de la ajena.