La publicación rencorosilla (y cada día, la de más gente)

El jueves, a pesar de que juré y perjuré que no volvía a trabajar gratis, empecé en una empresa de posicionamiento web, pero no os encariñéis mucho con este argumento que mucho no va a durar la trama.

Tras una entrevista en la que “lo peté”, que solamente se vio truncada por un impertinente ¿Cuánto cobraría? (criaturita… pensando nada más que en el dinero…), accedí a regalar mi mano de obra cualificada (tengo dos cartulinas que algo dicen de que tengo estudios) a cambio de que me enseñaran técnicas de SEO y marketing online y con la promesa de que si cumplía con mis objetivos, me contrataran tras los tres meses de prácticas.

El trato consistía pues en que yo me tomaría las prácticas como para lo que, supuestamente, sirven: un sitio donde mediante el aprendizaje trabajar, pero con la tranquilidad y el respaldo de que alguien va a revisar tu trabajo al menos los primeros días. Y cómo una vez sabido que no había dinero de por medio, preferí llamar las cosas por su nombre, les aseguré que pese a haber realizado cursos de marketing online, en la práctica, donde realmente me sentía cómodo era con los trabajos de redacción, por lo que para las tareas de SEO, necesitaría a alguien constantemente explicándome el funcionamiento de los diversos programas:

(extracto del correo) “mi máximo interés en estas prácticas era como te comentaba, profundizar en las tareas de SEO, ya que los conocimientos que poseo de esta área son muy verdes,  por lo que me gustaría saber si realmente me va a ser útil en este aspecto”

Una vez creía haber dejado claro que mi relación con la informática se basaba en abrir cierto programilla llamado word y hacer dibujitos con las celdas del excel (ya superé la etapa de las presentaciones fotograferiles con Powerpoint), el primer día me dispuse a anotar cada nuevo programa que me enseñaban, cada consejo que me daban… como el que va a su primer día de clase pero sin quedarle bien las gorras de skaters.

Y es así como el jueves por la noche me llevé hasta las 3 de la mañana aprendiendo nociones de código HTML, bicheando programas como Hootsuite, programación web etc. ¿A cambio de un sueldo digno? No, a cambio de ser competitivo y no resultar una lacra para mis nuevos compañeros, rebosantes de juventud e ilusiones para seguir adelante como yo (así se vendían).

El viernes, tras las cinco horitas de rigor que todo experto en salud recomienda dormir, me levanto a las 9 para seguir bicheando en el fantástico mundo del SEO (imaginaros para alguien de letras convencido, lo que supone “a la vejez” reconvertirse a informático amateur loser) y plantándome puntual a las tres en la oficina para sacar adelante el trabajo que de antemano me habían encomendado.

Cual es mi sorpresa cuando, tras actualizar todas las redes sociales de las diversas empresas con las que trabajaban, realzar textos promocionales que no se tocaban desde que la vaporetta era la reina de la teletienda e ir corrigiendo los fallos de una “superiora” periodista que tuiteaba “haber de que nos habla hoy Oscar Montana” en silencio para no menospreciarla, el menosprecio lo recibí yo cuando la que me “contrató”, tras realizarse un programa de radio donde daban consejos motivacionales (ahora veréis lo irónico de ello), me llama para “hablar” y me dice que en dos días no he avanzado mucho y que no cree que deba continuar porque (agarraros que vienen curvas):

“Aquí se viene para quitar trabajo, y si tenemos que estar encima tuya todo el tiempo no nos compensa” (para que entendáis lo que se siente al escuchar eso recordad que estaba sin cobrar ni un duro, no habían pasado ni 48 horas y supuestamente mi puesto era “de prácticas”)

Y no contenta con criticar mi lenta adaptación (tardé más en aprenderme el nombre de mis compañeros de piso que a tener ciertas nociones de HTML) me dice que los posts que había escrito para las diferentes redes sociales eran demasiado informativos y poco “frescos”. Señora, (por no perder el respeto, que al fin y al cabo la chiquilla, aunque supeditada a una empresa hija de puta, era buena gente) no llevo ni dos días, ¿Qué quiere? ¿Que introduzca un “miarma”? Total, que me excusé diciéndole que aún no había tenido tiempo de adecuarme a la línea editorial de la empresa (que lo ya publicado en las redes sociales antes de mi furtiva llegada tampoco es que fueran una cosa que digas…. joder, qué genios del marketing, es más, como toda temática marketing eran coñazos, coñazos…), a lo que me responde que con lo suelto que estaba en la entrevista (normal, es lo que tiene haber hecho veinte mishones de ellas, que coges tablas), me había visto más reservado en el trabajo (yo y mis manías de no ir moviendo la colita por la oficina ni arrancarme por bulerías).

En fin, que ya no sólo vale con trabajar de gratis, ahora hay que trabajar gratis, ser megaeficiente, saber de todo desde el primerísimo primer día y crear ganancias al cabrón de turno cuyo máximo talento es saber recluir ganado barato.

… Y todo esto me pasa por querer trabajar, por haber sido educado para resultar útil a la gente…

Hoy me acostaré como un inepto, pero por mis santos padres que yo aprendo HTML. He dit!

Pdt: La empresa en cuestión es seocoaching.es, una empresa destinada a publicitar y aconsejar a páginas web para conseguir un buen posicionamiento web y una buena reputación y que, en cambio, poco se preocupa de la imagen que dan desde dentro.