Buscar trabajo es un trabajo en si (aunque con más días de asuntos propios)

Uno intentando demostrar que se le da bien esto de escribir y empieza el blog con una redacción barriobajuna y con este topicazo por título… pero es que es bien cierto, esto de buscar trabajo debería cotizar de alguna forma. No te digo yo asegurándote un plan de pensiones (extraña palabra que dentro de unos años tendrá la misma validez que casette o la expresión okey makey) pero si con algún tipo de atractivo que te haga pensar que esos 12 curriculumses enviados han valido para algo más que el desarrollo creativo que supone intentar relacionar tu malogrado título de periodista con la venta de cartuchos de impresoras.

No se, se me ocurre que por cada 5 currículumses con su carta de presentación que no haya sido un corta y pega te regalen un descuento para el groupon, o te salgan banners motivacionales como “bien Txema, veo que a pesar de que tus conocimientos de SEO/SEM están al nivel de tu pericia en el campo de la medicina, no pierdes la fe en que esta “International Enterprise” te llame para que le lleves la comunicación en Europa, porque si, porque tu alemán es mucho más que aquel “ein bier bitte” que aprendiste en 10 meses en Alemania”.

Y es que si quieres hacer las cosas bien, no vale con apuntarte al infojobs… tienes que estar registrado en todas y cada una de las tropeshientas páginas de búsqueda de empleo, mirar blogs especializados, bichear nuevas aperturas, buscar cursos gratuitos, seguir páginas de ofertas en las redes, ver desde el INEM si tu formación cuadra con ese goloso puesto de dependiente del Mercadona, redactar distintas cartas de presentación que no den el cantazo de que es un corta-pega y que de verdad te has preocupado por saber cómo encajarías para el director de “Demoliciones Pérez”  dentro de su empresa y por qué es tan fundamental tener a un señor que redacte tuits en el mundo de los fitosanitarios.

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Todo ello mientras te crees que por tener tu curriculum colgado online, esa página de la que llevas registrado un año no te va a volver a hacer introducir tus datos hasta que te aprendas el código postal de cada una de las empresas para las que has trabajado.

A todo esto no te despegas del ordenador en una jornada que supera las 8 horas… porque tras haber bicheado la cuidada selección de 15 páginas web de empleos, revisado por quinta vez en la mañana el 20 minutos con la esperanza de la noticia estrella de que todo el congreso ha muerto dimitido, ver como cada vez hay más gente conectada en feisbuk a las 11 y revisar tu correo por si los de infojobs se les había olvidado mandarte esa oferta que se adapta taaaan perfectamente a tu perfil… decides que será mejor que te de el aire y vas a echar ese currículum que con tanto amor has imprimido (cada vez que sale uno por la impresora es como comprar el cupón… ¿Será este el currículum ganador?)

Ya que la era 2.0 ha matado el contacto humano, te crees con más posibilidades si, en vez de mandar tu currículum virtual al Decathlon, vas y lo entregas en mano, así por otra parte pueden ver en directo lo atlético y bien formado que estás y lo bien que encajarías en el pasillo de fitness (de una mercería para señoras de 60 años).

Es así como ilusionado como el día que hiciste la matrícula de tu primer año en la universidad (con el mismo desastroso resultado) te levantas del sofá, descubriendo que aún posees la facultad de andar, y te pones tu mejor chandal (que es como si un cani se pusiera esmoquin), porque tu vives por y para el deporte, y esa es tu vestimenta casual para echar curriculums… Y cual es tu sorpresa cuando vas a la recepcionista y con la mejor de tus sonrisas (esa que oculta que eres un despojito sin trabajo) le dices a la buena mujer: Tome, mi curriculum, y ella te responde: tome, la página donde lo tiene que ingresar.

Así que te vas chof a la salida, no sin antes haberte comprado algo que no necesitabas porque vas a seguir igual de fofo, y rememorando aquellos tiempos en que los tomates sabían a tomates.

Como tienes un manojo de curriculumses lustrosos por entregar y no sabes que hacer con ellos (me viene una imagen grosera de su utilidad a día de hoy) y ya que estás en el centro quieres aprovechar en hacer un poco la fotosíntesis, decides ir de bares para algo más que beber cañas… pero al tercer bar que ves como a la entrega de tu currículum poco más que la camarera te mira como si estuviera viendo a un perrito pachón mojado por la lluvia y tiritando de miedo, desistes cabizbajo y piensas que, al menos por internet la cara de pringado que te ven es la del carnet y no la que se te queda cuando piensas a donde te ha llevado tu carrera…

Pero en fin, si algo nos queda no es más que la posibilidad de intentarlo, intentarlo e intentarlo… que en mi caso no es poco.

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