La entrevista engañifa

Otro indicativo de que te dejas los cuernos por intentar encontrar algún trabajo es el hacer al menos una vez al mes “la entrevista laboral sorpresa”. Esa empresa misteriosa que te llama para citarte para una entrevista de trabajo y cuya única pista que tienes de en qué consiste el trabajo es que se trata de una empresa de publicidad… pero igual tú tienes que encargarte de limpiar los baños.

Pese a que ya sabes cómo va a acabar la cosa, te levantas medianamente motivado y acudes a la cita autoconvenciéndote que esta vez no, esta vez el puesto no va a ser para comercial y no vas a depender de las comisiones de vender ese filtrador de agua a marujas puerta a puerta y que tanto está revolucionando el mercado a pesar de no venderse ni regalado junto al 20minutos.

De hecho esta vez crees que es diferente porque el anuncio es diferente… del especialista en marketing para cuyo puesto, es tan demandado que piden como 20 o 30 (su propio ejército de “especialistas en marketing”, que no comercial, esa palabra prohibida en los portales de empleo…, porque ellos te ofrecen un puesto digno, tan digno que ni se atreven a decirte en que consiste)  que no necesitas ni estudios ni nada de nada, sólo “vocación para trabajar” y ser sociable (así solicitan los puestos para cardiólogo… no hace falta estudios, con ser buena persona basta), al “administrativo” (porque vas a administrar la agenda de clientes a Gas Natural… tócate los mismísimos…).

Y ahí te presentas tú, con tu mejor camisa, esa que sólo te pones las noches en las que piensas (pobre de ti) que mojas si o si, esa que no lavas bastante a menudo por miedo a tener que usar la plancha con ella o que acabe descolorida por no haber leído la etiqueta, esa camisa en definitiva que te convierte de ser indigno a posible candidato a persona.

Camino a la empresa vas repasando tus aptitudes, tus puntos fuertes para referenciarlos en cuanto tengas la mínima ocasión, con la lista de reproducción musical happy y con el nerviosismo de tu primer día de instituto… y ¡Pam! La primera en la frente: la sede de la “prestigiosa” empresa a la que optas tiene pinta de consultorio de tarot, que piensas… me da a mí que no voy a trabajar para Microsoft, pero tú sigues pensando que Steve Jobs empezó desde el garaje de su casa y ahora… ahora está muerto pero tiene unos dispositivos muy cuquis que todo el mundo quiere.

Vale, Steve Jobs empezó en su garaje, pero no tenía como secretaria a una choni ni la Máxima FM a todo volumen en su despacho … definitivamente tampoco vas a trabajar para Deloitte. Y para cuando tus expectativas sobre el nuevo empleo rozan el nivel “igual estaría mejor vendiendo calcetines en el mercadillo”, ahí está tu posible jefe explicándote el trabajo como el que vende una batería de cocina LoMonaco… un trabajo que resulta que no es de comercial como insististe en dejar claro que no querías desde la llamada, sino que es de “enlace entre cliente y empresa”… porque un comercial no hace eso, un comercial es el que le escribe las letras a Sabina…

En fin, algo bueno tienen estas excursiones, y no es otra cosa que el conocer la fauna a la que te expones y saber para la próxima cómo esquivar a todos aquellos chupópteros que pretenden salir de sus crisis a partir de la ajena.

Buscar trabajo es un trabajo en si (aunque con más días de asuntos propios)

Uno intentando demostrar que se le da bien esto de escribir y empieza el blog con una redacción barriobajuna y con este topicazo por título… pero es que es bien cierto, esto de buscar trabajo debería cotizar de alguna forma. No te digo yo asegurándote un plan de pensiones (extraña palabra que dentro de unos años tendrá la misma validez que casette o la expresión okey makey) pero si con algún tipo de atractivo que te haga pensar que esos 12 curriculumses enviados han valido para algo más que el desarrollo creativo que supone intentar relacionar tu malogrado título de periodista con la venta de cartuchos de impresoras.

No se, se me ocurre que por cada 5 currículumses con su carta de presentación que no haya sido un corta y pega te regalen un descuento para el groupon, o te salgan banners motivacionales como “bien Txema, veo que a pesar de que tus conocimientos de SEO/SEM están al nivel de tu pericia en el campo de la medicina, no pierdes la fe en que esta “International Enterprise” te llame para que le lleves la comunicación en Europa, porque si, porque tu alemán es mucho más que aquel “ein bier bitte” que aprendiste en 10 meses en Alemania”.

Y es que si quieres hacer las cosas bien, no vale con apuntarte al infojobs… tienes que estar registrado en todas y cada una de las tropeshientas páginas de búsqueda de empleo, mirar blogs especializados, bichear nuevas aperturas, buscar cursos gratuitos, seguir páginas de ofertas en las redes, ver desde el INEM si tu formación cuadra con ese goloso puesto de dependiente del Mercadona, redactar distintas cartas de presentación que no den el cantazo de que es un corta-pega y que de verdad te has preocupado por saber cómo encajarías para el director de “Demoliciones Pérez”  dentro de su empresa y por qué es tan fundamental tener a un señor que redacte tuits en el mundo de los fitosanitarios.

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Todo ello mientras te crees que por tener tu curriculum colgado online, esa página de la que llevas registrado un año no te va a volver a hacer introducir tus datos hasta que te aprendas el código postal de cada una de las empresas para las que has trabajado.

A todo esto no te despegas del ordenador en una jornada que supera las 8 horas… porque tras haber bicheado la cuidada selección de 15 páginas web de empleos, revisado por quinta vez en la mañana el 20 minutos con la esperanza de la noticia estrella de que todo el congreso ha muerto dimitido, ver como cada vez hay más gente conectada en feisbuk a las 11 y revisar tu correo por si los de infojobs se les había olvidado mandarte esa oferta que se adapta taaaan perfectamente a tu perfil… decides que será mejor que te de el aire y vas a echar ese currículum que con tanto amor has imprimido (cada vez que sale uno por la impresora es como comprar el cupón… ¿Será este el currículum ganador?)

Ya que la era 2.0 ha matado el contacto humano, te crees con más posibilidades si, en vez de mandar tu currículum virtual al Decathlon, vas y lo entregas en mano, así por otra parte pueden ver en directo lo atlético y bien formado que estás y lo bien que encajarías en el pasillo de fitness (de una mercería para señoras de 60 años).

Es así como ilusionado como el día que hiciste la matrícula de tu primer año en la universidad (con el mismo desastroso resultado) te levantas del sofá, descubriendo que aún posees la facultad de andar, y te pones tu mejor chandal (que es como si un cani se pusiera esmoquin), porque tu vives por y para el deporte, y esa es tu vestimenta casual para echar curriculums… Y cual es tu sorpresa cuando vas a la recepcionista y con la mejor de tus sonrisas (esa que oculta que eres un despojito sin trabajo) le dices a la buena mujer: Tome, mi curriculum, y ella te responde: tome, la página donde lo tiene que ingresar.

Así que te vas chof a la salida, no sin antes haberte comprado algo que no necesitabas porque vas a seguir igual de fofo, y rememorando aquellos tiempos en que los tomates sabían a tomates.

Como tienes un manojo de curriculumses lustrosos por entregar y no sabes que hacer con ellos (me viene una imagen grosera de su utilidad a día de hoy) y ya que estás en el centro quieres aprovechar en hacer un poco la fotosíntesis, decides ir de bares para algo más que beber cañas… pero al tercer bar que ves como a la entrega de tu currículum poco más que la camarera te mira como si estuviera viendo a un perrito pachón mojado por la lluvia y tiritando de miedo, desistes cabizbajo y piensas que, al menos por internet la cara de pringado que te ven es la del carnet y no la que se te queda cuando piensas a donde te ha llevado tu carrera…

Pero en fin, si algo nos queda no es más que la posibilidad de intentarlo, intentarlo e intentarlo… que en mi caso no es poco.

Empleado desde el sofá

Estimados, estimadas, curiosos, cotillas y gentucilla aficionada al “pasaba por aquí”: después de cuatro meses parado, he decidido dejar de redactar cartas de suicidio y dedicar ese valioso tiempo entre envío masivo de curriculumses en escribir otras cosas que no me hagan recordar que igual ese curso de community manager que hice gratis y a distancia no abría tantas puertas como se pensaba. Es así como se me ha ocurrido (bueno, ocurrido no exactamente… más bien amenazado por mi particular y querida panda de groupis que pacientemente se leen mis kilométricos correos donde doy cuenta de mi monótona vida, (y que en un ejercicio de exhibicionismo están reunidos aquí) la novedosa y nada recurrente para un periodista idea de escribir un blog.

¿Y qué tengo que ofrecer al mundo desde este minúsculo trastero virtual? Pues básicamente darle salida a toda esa diarrea mental que se almacena día a día en mi sana cabecita en un intento desesperado por ser útil en esta vida (es decir, encontrar trabajo, pareja y esa salud que quedó atrás en una ciudad alemana), eso y poder rellenar el espacio “página web” en todos esos cuestionarios tan divertidos de las páginas de trabajo con algo más que “hubo un tiempo que tuve fotolog”..

Es así como, día a día en un principio, después unos cuantos a la semana, para acabar en un “igual este mes toca actualizar la página”, iré desgranando no mi vida, que en realidad tiene la misma importancia para esta humanidad que ese carnet de puntos que te sacaste del supermercado un día porque la cajera te pareció buen gente, sino la de uno más de los seis millones de parados de este país que cada día se levanta a las ocho de la mañana con la esperanza de poder demostrar que valen para algo. Y como también tengo conocimientos de marketing (gracias a otro curso gratuito), con sus vídeos de gatos, sus fotos de instagram donde expresar un bello sentimiento del alma mediante el encuadre de un plato de lentejas, y esa imprescindible explicación de por qué he amanecido un miércoles con un pijama de hello kitty y esa notificación del Excmo. Ayuntamiento de Barcelona instándome a ayudar a las arcas municipales para pintar los pasos de cebra.

Espero que mis sermones os ayuden no sólo en la búsqueda de trabajo quién lo necesite, sino al menos para pensar “podría ser peor”… y dando muestra de mis referentes culturales no que queda más que despedirme con un “agradecido, emocionado, gracias por venir”

Pdt: el nombre hace referencia, obviamente, a mi posición dentro de esos seis millones de gente sobradamente preparada para un gobierno que sobra, pero también a mi pasión por la música y de la que iré dejando buena cuenta en cuanto tenga ocasión (más allá de mi otro fallido blog de música, cuánto cadáver virtual he ido dejando estos últimos años…), porque yo también como tantos he sido llamado a las filas de la insurrección.